A los treinta años de la «Humanae vitae» de S.S. Pablo VI

Abril 25, 2008 por gomeza1

Card. Alfonso LÓPEZ TRUJILLO (†)

Presidente del Consejo pontificio para la familia

Tomado de BEC

Hace ya tres décadas que el Santo Padre Pablo VI hizo pública esta encíclica que, con sobrada razón, es hoy cada vez mas reconocida como profética. Así lo hizo el Sínodo de la familia (1980); así lo testimonian episcopados, movimientos apostólicos y estudiosos en diferentes partes del mundo.

¿Por qué este calificativo de «profética» a una encíclica que sufrió los embates de la contestación, en algunos casos incluso provenientes de quienes tenían la misión, como maestros, de ser defensores del magisterio que ejercitó con innegable valentía (con «parresía», diríamos, para usar el término griego)? La opinión pública, en el momento de la recepción de la encíclica, no fue propiamente iluminada, en no pocos casos, con una reflexión seria, sino manipulada. Una serie de aspectos episódicos crearon inicialmente un manto de brumas que, en buena parte, se van despejando cuando se lee la encíclica con la debida atención y cuando se ahonda en los fenómenos que una mala concepción, o incluso su rechazo frontal, ha desencadenado. En efecto, en muchos lugares del mundo se escucha esta queja: si hubiéramos escuchado a tiempo al Sucesor de Pedro, ¡cuántos males habríamos evitado!

El concepto de «profética», atribuido a la Humanae vitae, cuyo solo título ya nos introduce en una clara dimensión antropológica, obedece a varios aspectos que quisiéramos recordar, y que se entrelazan como erguida defensa de la verdad que tiene su último fundamento en Dios; una verdad que no es «política», es decir, sometida a cálculos, transacciones, silencios o fáciles «consensos», ni es tampoco una especie de verdad sucesiva, ligada a cambiantes circunstancias, sino que es una realidad y una exigencia permanente, que tiene su fuente en el absoluto de Dios y no abdica del serio y comprometido ejercicio de la razón. La Humanae vitae ofrece la verdad, vinculada al ser, a la naturaleza del hombre y de la mujer en su entrega de amor, en esa donación total que forma una sola carne, según el designio original de Dios.

Estamos, pues, bordeando una primera característica del término «profético», que en momento alguno puede renunciar a la voluntad de Dios. Para el creyente, para los esposos que forman esa comunidad de vida y de amor, indagar en lo que Dios quiere no es algo facultativo o de menor importancia. La primera actitud de Pablo VI fue ésta: buscar, sobre toda clase de presiones o amenazas, cuál era la voluntad de Dios. Lo hizo a costa de múltiples sufrimientos e incomprensiones, como un servicio doloroso que no ocultó. Más aún, a ello hizo explícita alusión en las primeras intervenciones en las que se refirió a este histórico documento. ¡Que fácil hubiera sido, en una mera hipótesis, haber cedido ante lo que muchos daban como un hecho -la aceptación de la píldora como lícita-que, desde luego, hubiera abierto las puertas a la licitud de la contracepción! No ignoraba el Papa la mole de los ataques. Veía que venían oleadas furiosas y agitaciones, hasta en la grey encomendada a sus cuidados de Pastor universal, y, sin embargo, como en un nuevo Getsemaní, contaba sobre toda consideración la voluntad de Dios sobre la de los hombres. Una actitud tan firme y tan decidida; una decisión tan maduramente meditada, culminó en una serena firmeza, de la cual se tienen suficientes e incontrovertibles testimonios. La voluntad de Dios es el tejido fundamental del Magisterio. Y tal verdad, en su integral concepción antropológica, fue traducida en la coherencia y unidad de los significados unitivo y procreativo de la unión conyugal (cf. Humanae vitae, 11 y 12). Son significados inseparables. El intento de escindirlos introduce un desorden que provoca efectos graves; uno de ellos: altera el sentido mismo de la donación total, en un amor plenamente humano y responsable. Mantener esa armónica unidad es una protección del mismo amor, del acto conyugal, en un lenguaje consecuente que no se torna en vaciamiento o (aunque sea un análisis que parece severo) en traición objetiva a la exigencia misma de una donación total.

Otro aspecto del profetismo de la encíclica se refiere al fenómeno producido por la separación de significados que un estudioso denomina «el sexo fragmentado», y que ha provocado «la revolución sexual», con las consecuencias que hoy se deploran. La lógica concatenación para una adecuada comprensión e integración de la sexualidad implica la unión ante estos eslabones que se fundan en una sexualidad humana (no confundida con el instinto animal), radicada en la unidad de la persona humana, cuerpo y alma (cuerpo animado y Espíritu encarnado), una sexualidad inscrita en la dimensión de un amor responsable (que respeta al otro), que se expresa en un amor de donación total, superando así esquemas narcisistas y egoístas inmaduros, una integración del sexo en el amor, que encuentra el lugar único y privilegiado en el matrimonio, el cual se abre a la vida, a la procreación, a la sociedad, como un bien necesario. Separar arbitrariamente los eslabones de esta cadena, separándolos de un serio empeño de verdadero amor y de verdadera donación, ha introducido la confusión y, en lugar de una liberación prometida, ha forjado cadenas de esclavitud. Es la banalización del sexo, asumido en forma restrictiva como instrumento de placer sin responsabilidad, a cuya entronización contribuyen muchos de los «modelos de educación sexual» en textos ampliamente difundidos que asumen un «estilo de vida» explosivo para la persona, para la familia y para la sociedad.

La Humanae vitae representa una llamada a la educación para un amor en el matrimonio digno de ese nombre. La mera «información sexual», desligada de una pedagogía de la libertad, en una tarea auténticamente formativa, que se abre a una responsable relación de amor, causa verdaderos estragos. Un conocido psicoanalista, especialista en psiquiatría social, en su reciente obra «La différence interdite», observa: «La información sexual ha vaciado completamente la dimensión afectiva, confundiendo la atracción sexual con el amor. Una atracción sexual no significa automáticamente que uno se inscriba en un deseo de amor recíproco». Se ha tomado como modelo, anota Tony Anatrella, un sexo adolescente (inmaduro) que, en la confusión antes anotada, no busca al otro, es egoísta y puede corresponder a lo que Sartre, me parece, llamaba una «empresa de seducción».

Pablo VI advirtió a tiempo la magnitud y gravedad de las consecuencias que hoy se reconocen en graves «costos sociales». No son pocos, por fortuna, los signos de reacción para conquistar espacios perdidos y un sentido de la vida y del amor, contra los «estilos de vida» difundidos incluso en organismos y foros internacionales.

La Humanae vitae, como servicio profético, ha abierto con seguridad los caminos a una comprensión genuina de la paternidad y la maternidad responsables, a una fecunda educación del amor, a la formación de la conciencia, y en casos en que medien justos motivos para espaciar los hijos o para buscar un tamaño de la familia de acuerdo con las posibilidades de asegurar una educación integral, ha mostrado el valor de una pedagogía del amor en los métodos naturales de la regulación de la fertilidad. Siendo totalmente diferentes a los métodos contraceptivos, cada vez más se muestran como una «alternativa auténtica», de seriedad científica, como «métodos» y a tono con las exigencias de una coherente antropología (cf. Familiaris consortio, 35; Evangelium vitae, 88). Desde luego, los métodos naturales no pueden ponerse al servicio del egoísmo de quienes no aman o temen la vida.

En estos años ha pasado mucha agua bajo los puentes. Es verdad que la concepción de la familia y de la vida ha sufrido alteraciones y desajustes; puede ser que una alta proporción de parejas, seducidas o engañadas por una cultura permisiva, no alcancen a percibir en toda su dimensión el desorden objetivo de las conductas contraceptivas. Pero es también verdad que la enseñanza de la Iglesia expresada por Pablo VI representa un norte, un ideal posible, alcanzable, con la gracia de Dios, que llena de energía a los esposos, los cuales, con un amor purificado en la reconciliación, sin negar la debilidad y las caídas, se levantan para caminar con paso firme según la noble vocación de esposos, en el matrimonio, cuyo autor es el Señor.

En breve, el Consejo pontificio para la familia publicará un comentario al Vademécum para los confesores sobre algunos temas de moral conyugal que es, en el campo de la moral matrimonial, una ayuda segura e iluminante para los ministros de la reconciliación, que, como tales, han de mantener a la vez incólume la enseñanza del Magisterio, en este caso de la Humanae vitae, y, como servidores del Señor, rico en misericordia, han de acompañar con corazón comprensivo, con encendida caridad pastoral, a los esposos en su camino de santidad. El camino que recorren los esposos no es fácil. Ninguna vocación en la Iglesia puede cumplirse sin cruz y sacrificio. Cristo acompaña en su peregrinación a la pareja y la Iglesia es para los esposos su hogar, su casa, la mansión en donde, escuchando a Dios, se forma su conciencia y crece su amor y su compromiso.

En la Humanae vitae se han dado cita la razón y la fe, la sabiduría humana, no alterada ni altanera hasta hacerse arbitraria, y la verdad que viene de Dios. Alguien ha dicho recientemente que millones de creyentes querrían hoy alterar («renverser») la célebre frase de san Agustín: «Credo ut intelligam» (creo para entender), y querrían entender primero, comprender, para creer. La Humanae vitae es un ejemplo formidable de cómo la fe hace comprender más en profundidad lo que es la verdad del hombre y de la mujer en la dignidad de un amor total, exclusivo, fiel, fecundo (cf. n. 9), un amor a la medida y posibilidad de la criatura humana y de la pareja, imagen de Dios: «A imagen de Dios lo creó» (cf. Gn 1, 27). La obediencia a la voluntad de Dios ha llevado al Sucesor de Pedro a la defensa de su dignidad, para comprender lo que es el hombre y lo que Dios quiere de él. Desde luego, en otro momento, comprender, entender lo que es el hombre, conduce a descubrir y contemplar a su autor. Es la dialéctica de la fe.

Con respecto a la moral conyugal se han querido introducir interpretaciones que perturban. Se ha llegado hasta oponer, cediendo a un secularismo envolvente, que sería exigencia de inculturación de la moral cristiana, con los efectos de alteración de los principios rectores de la ética y de la conciencia, en donde resuena la voz de Dios. Se ha querido imponer o persuadir, con motivos de la razón de discutibles ribetes científicos, para concluir que, si muchos doblan sus rodillas ante los avances de la ciencia y se han cerrado a las exigencias de la Humanae vitae, la razón los asiste. Y esto en nombre del Concilio, cuya corriente de liberación habría frenado la encíclica Humanae vitae. Para evitar conclusiones de este estilo, es bueno recordar lo que el Concilio enseñó: «La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre» (Gaudium et spes, 11). Y precisamente para introducirnos al misterio, a la verdad del hombre, el Concilio afirmó: «El misterio del hombre se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (ib., 22). Es la ruta de Pablo VI.

Video de las Apariciones de la Virgen Milagrosa a Catalina Labouré

Abril 23, 2008 por gomeza1

Este vídeo producido por los Franciscanos del Inmaculado en conjunto con Susan Mackewich Gizmo Productions y Dave Wroe.

Este vídeo muestra las 2 apariciones que realizó la Santísima Virgen María a una humilde Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl: Catalina Labouré en el año de 1830. Estas 2 apariciones ocurrieron durante el 18 de Julio y el 27 de Noviembre.

Espero que lo puedan disfrutar. lo único es que quien no conozca la historia y no maneje el inglés le será dificultoso, pero les invito a investigar la historia y comprenderan mucho mejor este excelente vídeo

María interpretado por Martín Lutero 

Abril 22, 2008 por gomeza1

PARIS.- «Al llamar [a María] “Madre de Dios” se compendia todo su honor y nadie puede decir algo más grande, aunque tuviera tantas lenguas como las hojas o plantas de hierba que existen, como estrellas en el cielo o arenas en el mar». Quien así escribe no es un santo padre de la Iglesia católica. Se trata del mismo Martín Lutero, en su comentario al Magnificat («Das Magnificat», W 7, 572-573).

    Quien cree que el fundador del protestantismo no reconocía el papel único que desempeñó la Virgen María en la encarnación de Cristo, se equivoca.
Como se equivocan también quienes consideran que esta mujer es una figura ajena a la Reforma.

    De hecho, hablar de virginidad de María corresponde al pensamiento de Lutero. «Al igual que la madera, no tuvo otro mérito que el de estar preservada por Dios y ser apta para la cruz, así María no tiene otra dignidad que la de estar preservada divinamente y ser apta para ser
Madre-de-Dios» («Das Magnificat», W 7, 573).

    En un artículo publicado en el diario parisino «La Croix» (13 de agosto), la teóloga luterana Élisabeth Parmentier, catedrática de la Universidad de Estrasburgo II, invita a superar malentendidos por los que los católicos olvidan el reconocimiento protestante de María. «Muchos protestantes reconocen que la ocultación total de la madre de Cristo no es conforme a la sagrada Escritura, ni a las confesiones de la Iglesia antigua, ni a las opciones de los reformadores», afirma tajantemente.

Acercarse en torno a María

Y recordando las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre María, Élisabeth Parmentier propone avanzar en el diálogo ecuménico «alrededor de María». Se trata de un desafío posible. Lo demuestra el equipo ecuménico de investigación teológica surgido en Francia conocido con el nombre de Grupo
de Dombes. Sus miembros, católicos y protestantes, han tomado la figura de María para darle «todo su lugar» y «nada más que su lugar» (Cf. Groupe des Dombes, «Marie dans le dessein de Dieu et la communion des saints», Bayard Éditions-Centurion, 1999).

Diferencias

Ciertamente Parmentier reconoce que existen diferencias entre la teología protestante y la católica en torno a María. Muchos protestantes, a diferencia de Lutero, hoy no creen en su virginidad. El mismo padre de la Reforma era negativo con respecto a la Asunción (cuya fiesta se celebra el
15 de agosto) y la maternidad universal de María. Por lo que se refiere a su intercesión, su postura es muy divagadora. Eso sí, en varias ocasiones pide la mediación de María: «La dulce Madre de Dios me procure ella misma el espíritu, para que pueda explicar útil y objetivamente este cántico suyo» («Das Magnificat, W 7, 574-575).

Confluencia

Ahora bien, la catedrática protestante asegura que «la tradición de la Reforma, que se remonta a la fidelidad a la sagrada Escritura, tiene que salvar a María del olvido y confesar con el Credo el papel sumamente específico de mujer y de Madre de Cristo».

Parmentier invita a protestantes y católicos a profundizar en la figura de María, de manera que se supere esa visión de mujer «etérea y pegajosa» y se valore con toda la fuerza con que aparece en el Evangelio. Nace así un ecumenismo que busca reunir a los discípulos de Cristo en torno a María.
Como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles en su primer capítulo, «Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús».

Tomado de Zenit

El camión de Basura

Abril 17, 2008 por gomeza1

¿Qué tan a menudo permites que las cosas absurdas de otras personas te cambien el humor?

¿Permites que los pésimos conductores, los meseros irrespetuosos, el brusco de tu jefe o algún empleado insensible te arruinen el día?

Cada vez que tienes una mala experiencia con este tipo de personas, por lo menos te dejan siempre medio tambaleando al menos que seas ‘terminator’.

Más sin embargo, una de las características de las personas con éxito es el hecho de que en lugar de quedarse clavados en esa mala experiencia, es qué tan rápido se pueden volver a enfocar en lo que realmente es importante.

Hace dieciséis años yo aprendí esa lección. La aprendí en el asiento trasero de un taxi neoyorquino.

Esto fue lo que sucedió: Me subí a un taxi rumbo a la Estación Central del Ferrocarril y cuando íbamos por el carril de la derecha, por poco nos estrellamos con un carro que así de repente y de la nada salió como un bólido de donde estaba estacionado.

El conductor del taxi en que iba alcanzó a frenar a todo lo que daba, el taxi se derrapó y por un poco casi le pegamos al auto que quedó frente a nosotros.

Después de esto, el conductor del OTRO auto, el tipo que casi causó el accidente, asomando la cabeza por la ventanilla comenzó a gritarnos una cantidad horrible de insultos y majaderías. Todavía recuperándome del susto lo que acabó de sacarme de mis casillas fue la actitud del chofer de mi taxi, quien en forma extremadamente amistosa y cortés le sonreía y saludaba con la mano al conductor del otro auto. Yo estaba furioso y confundido, pero no me quedé con las ganas y le pregunté al chofer de mi taxi que porque se ponía a sonreír y saludar al tipo que casi nos hizo chocar, arruinar su taxi y posiblemente hasta enviarnos al hospital.

Entonces, el taxista con voz pausada me contó lo que ahora yo llamo La Ley del Camión de Basura.

Mire, me dijo: ¿Ve aquel camión de basura? Sí, le dije ¿y eso que tiene que ver? Pues, así como esos camiones de basura, existen muchas personas que van por la vida llenos de basura, frustración, rabia, y decepción. Tan pronto como la basura se les va acumulando, necesitan encontrar un lugar donde vaciarla, y si usted los deja seguramente le vaciarían su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones.

Por eso cuando alguien quiere vaciar su basura en mí, no me lo tomo a manera personal, sino tan solo sonrió, saludo, les deseo todo el bien del mundo y sigo mi camino. Hazlo tu también y te agradará el haberlo hecho, te lo garantizo.

A partir de ese día comencé a pensar qué tan a menudo permito que estos Camiones de Basura me atropellen; y me pregunté a mi mismo que tan a menudo recojo esa basura y la esparzo a otra gente en casa, en el trabajo o en la calle. Así que me prometí que ya jamás lo iba a permitir. Comencé a ver camiones de basura y así como el niño de la película ‘El Sexto Sentido’ decía que veía a los muertos, bueno ahora así yo veo a los Camiones de Basura. Veo la carga que traen, los veo que me quieren echar encima su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones y tal y como el taxista me lo recomendó, no me lo tomo a manera personal, tan solo sonrió, saludo, les deseo lo mejor y sigo adelante.

Los buenos líderes saben que tienen que estar listos para su próxima reunión. Los buenos padres saben que tienen que recibir a sus hijos con besos y abrazos. Los líderes y los padres saben que tienen que estar física y mentalmente presentes y en su mejor estado para la gente que realmente es importante para ellos.

En resumen, la gente exitosa no permite que los Camiones de Basura absorban su día.

¿Y tú? ¿Qué pasará en tu vida a partir de este momento?, ¿Optarás porque los camiones de basura solo te pasen de lado?…

Te apuesto que serás mas feliz. De hecho, te lo garantizo.

Autor desconocido

Yo creo en tu Resurrección

Abril 11, 2008 por gomeza1

 Bonito Video de la Hermana Glenda, con imagenes diversas de la Resurrección

 

La Eucaristía

Abril 11, 2008 por gomeza1

Eucaristía: Presencia Real del SeñorSanta Eucaristia

Siendo el pan una comida que nos sirve de alimento y se conserva guardándole, Jesucristo quiso quedarse en la tierra bajo las especies de pan, no sólo para servir de alimento a las almas que lo reciben en la sagrada Comunión, sino también para ser conservado en el Sagrario y hacerse presente a nosotros, manifestándonos por este eficaz medio, el amor que nos tiene.

(La Santa Hostia) es Jesucristo vivo, su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, que se hace presente cuando el sacerdote consagra el pan y vino en la Santa Misa. Estos elementos se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor (Transubstanciación). Recibir la Eucaristía (Comunión) es recibir a Jesucristo. La Eucaristía, explica el Papa León XIII, contiene “en una variedad de milagros, todas las realidades sobrenaturales” (Encíclica Mirae Caritatis).

1.       “Nos es posible recibir la eucaristía como un alimento privado para después encerrarse en el propio individualismo. (La Eucaristía) nos une al Señor y en ese sentido nos une entre nosotros. Es vinculante, en el sentido de que nos hace miembros del Cuerpo de Cristo, cuya unidad se constituye en los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión”. -Cardenal Ratzinger, 22-XII-03

Referencias Bíblicas Principales:
 Juan 6, 26-58 (Cristo enseña que El es el “Pan de Vida” necesario para la vida eterna).
Mateo 26, 26-28; 1 Cor 11, 23-25.

Requisitos para recibir la Comunión:
a) Ser Católico: estar en comunión de fe con la Iglesia Católica
b) Estar en gracia. Para lograrlo hay que confesar todo pecado mortal.
c) Abstenerse de comer y beber por una hora antes (agua y medicinas están permitidas).
Ver también:

 Recepción de la Eucaristía por divorciados y vueltos a casar -Congregación para la Doctrina de la Fe-.
Disposiciones para recibir la comunión
Razones por negar la Comunión
profesor Philip Goyret
Comunión: Recepción Digna -Cardenal Ratzinger

De Los Padres de la Iglesia

San Ignacio de Antioquía (Siglo I): Llama por primera vez “Eucaristía” al Santísimo Sacramento (Esmir., c. viii). San Ignacio utiliza la terminología de San Juan para enseñar sobre la Eucaristía, a la que llama “la carne de Cristo”, “Don de Dios”, “la medicina de inmortalidad”. Llama a Jesús “pan de Dios” que ha de ser comido en el altar, dentro una única Iglesia.
 
No hallo placer en la comida de corrupción ni en los deleites de la presente vida. El pan de Dios quiero, que es la carne de Jesucristo, de la semilla de David;
su sangre quiero por bebida, que es amor incorruptible.
Reuníos en una sola fe y en Jesucristo.. Rompiendo un solo pan, que es medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir por siempre en Jesucristo

San Ignacio denuncia a los herejes “que no confiesan que la Eucaristía es la carne de Jesucristo nuestro Salvador, carne que sufrió por nuestros pecados y que en su amorosa bondad el Padre resucitó”.


San Justino.«A nadie le es lícito participar de la Eucaristía sino al que crea que son verdad las cosas que enseñamos, y se haya lavado en aquel baño que da el perdón de los pecados y la nueva vida, y lleve una vida tal como Cristo enseñó»


San Agustín: “Los mártires, al derramar su sangre por sus hermanos, no hicieron sino mostrar lo que habían tomado de la mesa del Señor. Amémonos, pues, los unos a los otros, como Cristo nos amó y se entregó por nosotros.” -Lit Horas, miércoles santos.


S. Agustín: «Si vosotros mismos sois Cuerpo y miembros de Cristo, sois el sacramento que es puesto sobre la mesa del Señor, y recibís este sacramento vuestro. Respondéis “Amén” a lo que recibís, con lo que, respondiendo, lo reafirmáis. Oyes decir “el Cuerpo de Cristo”, y respondes “amén”. Por lo tanto, se tú verdadero miembro de Cristo para que tu “amén” sea también verdadero»

 

Mi nuevo Blog

Abril 11, 2008 por gomeza1

Bueno amigos, aquí estoy en este nuevo blog, claro agradezco mucho todo el tiempo en Blogger, pero hay que ir cambiando y modernizando.

Así que espero que les guste este nuevo diseño, ya pronto lo ire mejorando, un abrazo

“El pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo”

Abril 10, 2008 por gomeza1
Nuestro Salvador, en la última cena, la noche que le traicionaban, instituyó el sacrifico eucarístico de su cuerpo y sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y a confiar así a su Esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria venidera.

Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen consciente, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la Palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él; se perfeccionen día a día por Cristo Mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, “Dios sea todo en todos” (1C 15,28).

Concilio Vaticano II
Constitución sobre la Sagrada Liturgia (Sacrosanctum Concilium), 47-48

El Discurso del Pan de Vida

Abril 9, 2008 por gomeza1
La Eucaristía en el Evangelista San Juan
El texto eucarístico más directo del Evangelio de Juan es el discurso del pan de vida que está en el capítulo 6.

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá más hambre: el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero vosotros, como ya os he dicho, no creéis, a pesar de haber visto. Todos los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no rechazaré nunca al que venga a mí. Porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que el me ha dado sino que los resucite en el último día. Mi Padre quiere que todos los que vean al Hijo y crean en él, tengan la vida eterna, y yo los resucitaré en el último día.
Jn 6,35-40

En esta primera parte del discurso (versículos 26-50) el pan de vida aparece referido al mensaje de Jesús, a su vida y su palabra. Comer el pan es una metáfora para significar el creer: come de este pan el que cree en Jesús. Se requiere una comunión por la fe con Jesús para tener la vida eterna que viene del Padre.

Este es un pan que sacia definitivamente. La sabiduría antigua, centrada en la Ley y la fidelidad en su cumplimiento dejaba una continua insatisfacción. En cambio, en lo que promete Jesús encuentra el hombre satisfacción plena. Jesús ya no centra nuestra vida en la búsqueda de la propia perfección (por la fidelidad a la ley), sino en entregarnos a él (por la fe en su palabra) y así nuestra hambre es saciada en él.

Esta sabiduría nueva proviene del designio del Padre, está marcada con el sello de lo eterno y no pasará. Por eso el que cree en Jesús tiene vida eterna y resucitará con él. La expresión “el último día” hace referencia tanto a la resurrección de Jesús (su último día) como a la del cristiano (nuestro último día). Creer en Jesús significa comenzar a participar ya en este mundo de la vida plena de Jesús resucitado que tendremos definitivamente más allá de nuestra propia muerte.

La carne de Jesús, pan de vida
En la segunda parte del discurso (versículos 51-65) Juan profundiza aún más en las ideas anteriores dándoles un sentido sacrificial y eucarístico.

Mi carne es verdadera comida. Mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él. El Padre, que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por él. Así también, el que me coma vivirá por mí. Este es el pan que ha venido del cielo; no como el pan que comieron vuestros padres. Ellos murieron; el que coma de este pan, vivirá para siempre.
Jn 6,55-58

De nuevo aparecen los mismos temas que vimos en la primera parte: la superación del Antiguo Testamento y la vida eterna que se consigue comiendo el pan de vida. Pero ahora el pan es referido a la carne de Jesús. No se trata ya simplemente de creer en él sino de comer su carne.

Aparece ya con claridad la referencia a la Eucaristía. Jesús se da como pan y vino que se come y bebe en el banquete sacrificial. La Eucaristía se une así a la muerte redentora de Cristo que dará su cuerpo y su sangre para la vida del mundo. Lo primario no es la Eucaristía, sino la entrega personal de Jesús hasta la muerte. La carne de Jesús es aquí el compendio de una doble donación: el Padre entrega al Hijo al enviarlo en carne y el Hijo entrega esa misma carne como medio de comunicación de la salvación y la vida que en él se contiene. En la participación eucarística el cristiano se une a esa vida nueva dada por Jesucristo.

Finalmente podemos observar el paralelismo entre la estructura de este discurso y la de nuestras celebraciones. En primer lugar tenemos la presencia de Cristo actuante por su palabra, pan de vida dado por el Padre; en segundo lugar la presencia de Cristo que se entrega a sí mismo, pan vivo, a través de su carne y sangre entregada hasta la muerte y compartida en el Espíritu para participar de su resurrección y su vida nueva. De este modo vemos como en el discurso queda reflejada ya la celebración litúrgica de la Iglesia.

El lavatorio de los pies

Hasta aquí Juan ha hecho una magnífica exposición en su evangelio del misterio eucarístico. Sin embargo es precisamente el Evangelio de Juan el único que omite el relato de la institución de la Eucaristía en la última cena poniendo en su lugar la escena del lavatorio de los pies.

Ante este hecho, y antes de ver el sentido del lavatorio de los pies, debemos darnos cuenta que la no inclusión de la escena de la institución de la eucaristía no obedece a un olvido o a un desgraciado accidente. Juan realiza aquí una omisión consciente y deliberada. La intención del evangelista es luchar contra el peligro de una interpretación mágica e individualista de la Eucaristía. Si de nuestra Eucaristía no brota una auténtica solidaridad, una auténtica fraternidad, posiblemente estemos degradando la memoria de Jesús. Con la narración del lavatorio de los pies Juan no pretende sustituir la institución de la Eucaristía, sino transmitir su sentido más profundo.

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
-¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.
Jn 13,12-15

El lavatorio de los pies, acción humillante y propia de esclavos, es el símbolo de la persona de Jesús y su actuación, de su entrega radical que incluye la Eucaristía. Cristo es el sacramento primordial y la eucaristía es la revelación de Cristo y de su amor a los suyos hasta el extremo, así como la respuesta de éstos en la fe y en la caridad. No se trata simplemente de un ejemplo moralizante, sino del símbolo de la entrega de Cristo y de sus discípulos que es celebrada en la Eucaristía.

Es el mismo Señor quien, con el pan y la copa, nos dice: “haced esto en memoria mía”, y quien, como esclavo a los pies de los hermanos, nos dice “también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. Eucaristía y fraternidad son las dos caras de una misma moneda.

Celebrar la Eucaristía es, por tanto, tomar parte en la carne humillada de la entrega total del Hijo y exaltada por la obra transformadora del Espíritu, ser injertados en la vida para dar frutos de amor en el mundo

Eugenesia: Nostalgia de la vida perfecta

Abril 8, 2008 por gomeza1
Los minusválidos somos personas con derechos sólo si tenemos más de nueve meses de vida -por ahora eso nos libra de la selectiva muerte a algunos-, quienes tienen sólo horas, días, semanas o unos pocos meses, son seleccionados y cribados por científicos enloquecidos

Este artículo está escrito tecleando sólo con la mano izquierda sobre un teclado de ordenador. No es esta una forma muy usual de comenzar un escrito, pero es que creo que cuando se habla de eugenesia la forma es tan importante como el fondo. Y digo esto, porque cuando se decide eliminar a personas que padecen alguna minusvalía, desgraciadamente es la estética y no la ética lo que prima, el continente destaca sobre el contenido. Si escribo esto con una sola mano es porque padezco una hemiplejia lateral derecha y, sí, soy minusválido de nacimiento, ¡nací! pues afortunadamente mis padres me acogieron con amor.

Voluntariamente renunciaré al empleo de argumentos jurídicos, morales, médicos o filosóficos para denunciar la eliminación sistemática de personas que supone el desmembrar a un inocente desvalido por no alcanzar la perfección física y psiquica mínima establecida, que esto y no otra cosa es la práctica de la eugenesia contra el deficiente. Únicamente utilizaré un argumento: el de la sencilla y dramática verdad.

Es minusválido o disminuído, aquella persona a la que puedes encontrarte entre una multitud, y se le señala por su diferencia intelectual o corporal. Puede ser un parapléjico que utilice para desplazarse una silla de ruedas, entonces su disminuido perfil rodante se nos hace evidente por entre los viandantes de una acera en cualquiera de nuestras ciudades. También puede ser una niña con Síndrome de Down que con su particular morfología facial y sus ojos achinados, te sonríe con dulzura. E incluso, puedes encontrarte conmigo, sin duda me reconocerás por un andar un tanto vacilante e inclinado hacia la izquierda, mi pierna derecha arrastra un poco al andar y si te adelanto mi mano para saludarte con mi mano derecha tal vez mi apretón no sea todo lo cálido y fuerte que deseara, ya que a veces esta mano me falla un poco en mis movimientos, pero no importa, te saludaré igual de afectuosamente. Muchas personas somos diferentes en el cuerpo o en el coeficiente intelectual, nuestro físico o nuestro intelecto no alcanza el canon de lo válido, de lo perfecto. Quizás tengas lástima de nosotros, pienses que una vida sin andar de forma autónoma, que nuestros movimientos torpes nos hacen desgraciados, pero no te equivoques, nuestra vida es plena, feliz y luminosa. Los débiles estamos llenos de fuerza y de vitalidad, te lo aseguro. Y recordamos a todos que la vida es maravillosamente imperfecta.

Y ¿qué hace la eugenesia?, muy sencillo: si el análisis prenatal del niño en su estadío embrionario o fetal no cumple las expectativas, no se le implanta en el útero de su madre para que siga creciendo o si ya lo está, se le tritura en trocitos pequeños para tirarlo a la basura o dedicar sus tejidos a la experimentación. Esto hace que haya dos tipos de seres: los válidos y los inválidos. A los primeros se les otorga la dignidad de humanos, a los segundos se nos elimina como deshechos sociales, somos un mero desperdicio biológico, un error de la naturaleza.

Los minusválidos somos personas con derechos sólo si tenemos más de nueve meses de vida -por ahora eso nos libra de la selectiva muerte a algunos- , quienes tienen sólo horas, días, semanas o unos pocos meses, son seleccionados y cribados por científicos enloquecidos ansiosos de nuestros páncreas para acabar con la diabetes, de nuestros cerebros para acabar con el Alzheimer. como nuevos dioses algunos médicos desalmados deciden quién vive y quién no, quien merece un útero para crecer y quién un congelador. El gobierno y los legisladores en general nos han abandonado a nuestra suerte, y esperan que los avances científicos a costa de nuestra vida tronchada les otorguen la dirección de una nueva raza de superhombres inmortales, quienes ya no padecerán enfermedad, dolor o muerte, y eso tiene un precio: el exterminio sistemático de los minusválidos. La sociedad asiste embrutecida e impávida al holocausto del aborto y de la selección de embriones, y la eliminación de minusválidos es legal y está ampliamente extendida desde hace años.

Una sola mano me ha bastado para escribir esto, y un solo dedo me basta para señalarte y decirte ¿tú vas a hacer algo para impedirlo?

Revista Arbil nº 71-72
Por: Daniel Arnal Meseguer